A pesar de que San José de Gracia no aparece “en ningún otro libro de historia de México, ni se menciona siquiera en alguna historia de Michoacán”, es uno de nuestros pueblos más famosos a los ojos del mundo.

En 1968, el historiador Luis González y González escribió Pueblo en Vilo (Colmich, 1995), inspirado en su tierra natal y con el que básicamente inauguró la microhistoria mexicana.

La microhistoria, por cierto, estudia pequeños fenómenos o procesos, contraria a las historias generales de los héroes o de los grandes acontecimientos. Y así es como escribió González sobre San José de Gracia, que pese a sus 231 kilómetros cuadrados ha compartido prácticamente todas las coyunturas históricas de este país. La cuestión es saber mirar.

La singularidad de San José

Cerca de la Laguna de Chapala, en los límites entre Michoacán y Jalisco, sobre una loma que se formó al comienzo del periodo cenozoico, se encuentra el pueblo de San José de Gracia en el municipio de Marcos Castellanos.

Éste es el protagonista de Pueblo en vilo, que ha sido traducido a varios idiomas, e hizo Luis González (1925-2003) famoso en América y Europa, y de un documental del mismo título (Les Films d’ci; México-Francia, 1996), del director Patricio Guzmán.

El fundador de El Colegio de Michoacán escribió que san José era “único aunque no exótico”, con cuatro siglos de historia humana que lo hacían un sitio típico y, por ello, representativo.

“Vale como botón de muestra de lo que son y han sido muchas comunidades minúsculas, mestizas y huérfanas de las regiones montañosas del México central”, decía el escritor, quien lo supo mirar con simpatía para descubrir “su originalidad, su individualidad, su misión y destino singulares” a través del tiempo, los diluvios, las sequías, los terremotos, los cometas, las auroras, las epidemias y las endemias.

Sueño cristiano

San José es una población ganadera de profunda raigambre católica, de forma que “por los hombres de sotana los josefinos se tiraron a matar” cuando llegó el momento, durante la Guerra Cristera, cuando González recién nacía.

La crónica dice que la guerra Cristera llegó ahí en junio de 1927, cuando un grupo de hombres se rebeló después de que el Ejército Federal incendiara el pueblo. San José estuvo a punto de desaparecer por la matanza de unos contra otros.

Como otras poblaciones, ésta tiene una rica vida social dividida entre las familias, los grupos y las clases, “el trabajo

y la ociosidad, la matonería y el machismo, el alcoholismo y el folklore”. Con todo ello, González plasmó una “historia universal” del singular San José, con cabida lo mismo para lo cotidiano y lo insólito, lo material y lo espiritual.

Hoy, San José es una población próspera, donde dependencias estatales como la Secretaría de Desarrollo Rural y Agroalimentario (Sedrua) impulsan proyectos productivos.

La estadística oficial señala que ahí, nadie tiene piso de tierra, viviendas de un solo cuarto, o sin electricidad o sin agua entubada (Coneval, 2015). Quedan pocas construcciones de adobe, pero abundan las casas con flores y palmeras y su iglesia, de vitrales y un reloj circular, sigue mostrando el año de 1943 como el punto de partida.

El municipio

Marcos Castellanos es actualmente un territorio con alrededor de 13 mil 759 habitantes (INEGI, 2015) de los cuales un 38.75 está ocupado, y donde poco menos del 57% gana más de dos salarios mínimos, lo que le posiciona 12 puntos por arriba de la media estatal en ese rubro. Dicha tendencia también se repite en el contexto educativo y en el acceso a servicios y seguridad social, por lo que se considera que tiene un rezago social muy bajo (Coneval, 2015).