Tzintzuntzan, la raíz del tiempo

Con sus más de 600 años de existencia, Tzintzuntzan es hoy conocido como un pueblo de artesanos y prestadores de servicios turísticos; y también, por sus tradiciones religiosas, que lo destacan en fechas como Semana Santa y la Noche de Muertos.

Otrora sede del reinado Tarasco y de la provincia de Michoacán, el llamado “lugar de colibríes” es un municipio dedicado al comercio, a la producción agroalimentaria y, en menor medida a la pesca, aun cuando buena parte de su geografía toca al Lago de Pátzcuaro, donde se ubica la Isla de la Pacanda, que territorialmente le pertenece.

De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), tiene un grado medio de marginación, e incluso alto y muy alto, en algunas de sus 36 localidades, las cuales por cierto suelen tener entre 500 y 5 mil habitantes. Según datos de INEGI, su gente estudia 6.8 años promedio (casi dos menos que la media nacional) y el índice de analfabetismo aún supera el 13 por ciento.

Si atendemos la estadística, la de Tzintzuntzan es gente que gusta de vivir en familia –sólo 2 de cada cien habitantes vive fuera de un hogar familiar– y que pese a los embates de la modernidad se las ha arreglado para no olvidar su lengua materna.

Hasta 2010, un 13.2 por ciento de la población municipal hablaba purépecha lo cual, empero, representa una disminución de hablantes en relación con el año 2000, cuando lo hacía el 15.5 por ciento (CDI, 2000) y, acorde con las mediciones de la época, 37 de cada 100 personas se consideraba a sí misma indígena.

 

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