Santa Clara, donde el metal se funde en arte

A 368 años de distancia, Santa Clara es reconocido por su producción en cobre; su entorno natural se ha sostenido y su arquitectura, aunque sencilla, lo ha convertido en uno de los rincones más bellos del país.

Santa Clara del Cobre es uno de los ocho Pueblos Mágicos de Michoacán; trazado según el modelo colonial, es heredero del saber prehispánico, al igual que de la división del trabajo que emprendiera Vasco de Quiroga durante el proceso de pacificación del antiguo Imperio Purépecha.

En tiempos remotos fue un asentamiento pequeño llamado “Xácuaro”, pero con la Conquista, y según la Real Cédula de 1553, obtuvo un nombre religioso: Santa Clara; a partir de entonces, su población creció paulatinamente (Velázquez Hernández, 2015).

Hacia 1649, era descrito por el fraile Arnaldo de Issasy como un poblado asentado en “la falda de un monte entre sierras de temple frío y estéril, pues aun el maís se da mal en sus términos”, si bien ya desde entonces destacaba por poseer abundante cobre, lo cual lo convirtió en uno de los proveedores principales de la entonces Nueva España.

Para ver y probar 

Santa Clara posee diversos atractivos turísticos, como su iglesia principal, dedicada a la Asunción de María, que posee una fachada de estilo barroco preservada casi en su totalidad.
Además, existe ahí una plaza con un kiosco central, rodeado por bancas y jardines y, poco más allá, portales hechos de cobre que ofrecen una vista peculiar al visitante. Existe también un Museo Nacional del Cobre, donde se pueden apreciar obras de gran belleza artística.
A finales de la década de 1980, fue inaugurado un camino empedrado que comunica a Santa Clara con el poblado de Zirahuén, mismo que está adornado con un monumento dedicado a Lázaro Cárdenas del Río, por supuesto, también hecho en cobre.
Por cierto, esta cercanía con el Lago de Zirahuén otorga un plus para los visitantes, quienes pueden observar este vaso de aguas cristalinas, cúmulo de leyendas antiguas.
Por otra parte, Santa Clara ofrece al paladar comida típica de la región, como el carnero o pollo a la artesa, que se adereza con condimentos y verduras y se cuece al horno).

Repicar de martillos

Situado en la Sierra Madre Occidental, a 75 kilómetros de la capital del estado como parte del actual Municipio de Salvador Escalante, Santa Clara ha logrado preservar un oficio centenario que ya ejercían los purépechas desde tiempos prehispánicos.

Hoy, en sus talleres todavía se escucha el golpe de martillos con los que sus artesanos, situados en círculos, trabajan el metal al rojo vivo sobre un yunque, hasta formar una infinita variedad de objetos utilitarios y de ornato, todos únicos y de alta calidad, según la técnica heredada de padres a hijos.

Como artesanía, cada pieza forjada en este pueblo representa la culminación del trabajo artesanal y de una tradición alimentada con paciencia, esmero, amor y orgullo por el oficio. Por ello ha sido reconocido nacional e internacionalmente, y el pueblo es uno de los portadores del Premio Nacional de Ciencias y Artes.

Pero aquí no sólo se forjan artesanías; también hay personajes ilustres como el mismo Salvador Escalante, quien dirigió un levantamiento en armas tras el pronunciamiento de Francisco I. Madero el 10 de mayo de 1911, y murió por las armas durante un combate.

Aun cuando no nació aquí, también se cuenta al escritor José Rubén Romero, quien hiciera célebre a Jesús Pérez Gaona, “Pito Pérez”, vendedor ambulante más que pintoresco y oriundo, según la crónica popular, de esta población.

Además, en Santa Clara habitó algún tiempo el Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo y Costilla, siendo sacristán honorario de la parroquia local, en el año de 1788.

Y entre sus artesanos más reconocidos, está el maestro Jesús Pérez Ornelas, quien aún sostiene un taller familiar que es conocido más allá de las fronteras nacionales por el arte de sus trabajos en cobre y plata martillados.

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