Mario Díaz, Orquestador en el juego de la vida

Para muchos aficionados del futbol, el rostro de Mario Díaz Pérez (Teocaltiche, Jalisco, 1960) es no sólo conocido, sino también entrañable como referente de una época de reestructuras y ascenso del entonces Atlético Morelia que guardó, empero, una de las derrotas más recordadas: la derrota 2-1 contra el América de 1988.


El ex capitán del Club Atlético Morelia es parte de la historia reciente de Michoacán, una tierra a la que ve como propia y por la cual trabaja hoy día, mediante el programa: “Un deportista más, un delincuente menos”.

Éste representa “una labor principalmente social y deportiva donde, bueno, no sólo es enseñar secretos del fútbol, sino también honestidad, trabajo, responsabilidad, puntualidad: todos los elementos que pueden ayudar a los niños y jóvenes para que tengan un mejor desarrollo”, indica, a propósito de su participación de este programa de la Secretaría de Seguridad Pública y del también ex futbolista, Marco Antonio Figueroa.

Un agente de cambio

El futbol –piensa el “Capi” Díaz–  es un agente de cambio social porque “educa; te enseña a ser mejor persona”, especialmente cuando se aborda desde la infancia, como ocurrió con él.

“De chavito me gustaba jugar indistintamente en la calle y después, a los 10 años, me fui a un equipo de barrio y jugué ahí… Estuve ocho años como balonero en el Estadio Jalisco antes de la oportunidad. Comía, cenaba, desayunaba futbol”.

Quien fuera debutante en el equipo Cruz Azul (era 1960 y él tenía 20 años) recuerda el pasado y su adoración por los jugadores, a quienes veía como ídolos; aunque “nunca he sido muy soñador”, ahí estaban sus esperanzas por convertirse en futbolista profesional.

  • ¿Qué hace la diferencia entre ese niño que sueña y aquel que lo logra?

“Creo que es la constancia, la dedicación, el amor que le tengas al futbol; la honestidad, el trabajo, la responsabilidad y que nunca bajes los brazos. Te podrán decir que no estás para jugar en Primera División, o decirte que sí, pero lo importante es que siempre tienes que luchar por tu objetivo, que tengas metas a mediano y largo plazo”.

Foto: Carlos Guzmán

Vida de jugador

La vida de un futbolista profesional puede ser inconstante, dado que prácticamente no pueden decidir dónde o con qué equipo jugar. “Normalmente te tratan como un objeto y, bueno, no se ha podido cambiar”, indica Mario Díaz: “habitualmente el jugador es al último a quien piden opinión de si quiere ir a uno u otro equipo”.

  • ¿Y entonces, cómo se enamoran de la camiseta?

“Eso es bien difícil en estos tiempos porque un jugador dura seis meses y lo cambian a otro equipo. Siempre he dicho que esto es como la novia: tienes que convivir con ella para quererla, así con la camisa… Entiendo que ahora los jugadores también van por la cuestión económica y que tampoco los dejan permanecer mucho tiempo (ahorita, por ejemplo, el Monarcas Morelia tiene muy pocos jugadores que tengan tres años aquí), así que el futbol se ha vuelto más, digamos, comercial”.

Corazón amarillo

Mario Díaz Pérez ingresó al entonces Atlético Morelia en 1984 y durante los años que permaneció en el equipo, se convirtió en su capitán y en una de sus grandes figuras. Le tomó cariño, no sólo al Club, sino a la ciudad misma.

“Tanto, que me quedé aquí, me casé aquí, tengo mis hijos aquí, y ya tengo 30 años por acá. Ya me considero un moreliano”, expresa.

Cuando comenzó, el equipo jugaba en el Estadio Venustiano Carranza, más pequeño que la sede actual (el Estadio Morelos) por lo que, en cierta manera, tenía “una afición más de corazón… siempre iban los mismos, porque era una ciudad más chica”.

Aquel equipo de Nicandro Ortiz tenía más limitaciones –prosigue–, pero también ventajas: “mucha gente que tuvimos y teníamos el coraje de triunfar en el futbol” y por ello, éste llegó a su mejor momento hasta entonces:

La semifinal contra el América con un empate global de 4-4, un domingo 26 de junio de 1988, en un Estadio Azteca donde sonaban las voces de más de 80 mil aficionados.

  • ¿Qué sentía usted en ese partido, cuando los penales?

“Bueno, era un líder, era un tipo convencido de que teníamos un equipo para jugar la final, pero por cuestiones de los cambios al reglamento tuvimos que tirar penales cuando emocionalmente ya habíamos pasado todo eso. Fue un golpe difícil y no lo superamos.

“Realmente, si a un jugador profesional le preguntas sobre el reglamento, no lo sabe, si nosotros lo hubiéramos leído…, porque decía que si el árbitro daba por terminado el partido quedaba el resultado y no, el árbitro tuvo que consultarlo porque tampoco se lo sabía. Podrían haber dicho que no se tiraran penales hasta el otro día, con la mente más calmada, pero bueno, cometimos un error, no ensayamos para eso, no sé por qué, La Tota Carvajal y nosotros no nos preocupamos por eso”.

“El Capi” Díaz nunca se separó del todo del equipo local; le ha dirigir en algunas ocasiones y ha hecho mella en sus fuerzas básicas. Al principio pensó en regresar a Guadalajara, pero la familia, las amistades y, dice, el destino le hicieron permanecer aquí.

            “Michoacán y el futbol me han dado mucho: cuatro hijos hermosos y la oportunidad de estar aquí, de trabajar; difícilmente me podría ir porque ya soy más de aquí que de allá”, concluye.

 

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