La arquitectura divina en la obra de Gloría Álvarez

Publicado en Vocaciones Productivas el Viernes 3, Marzo, 2017

Michoacán guarda una gran riqueza cultural y artística en su arquitectura religiosa; especialmente en aquella de las comunidades indígenas, de interiores coloridos y estructura hecha a base de lodo, capaz de resistir sismos, pero “frágil y muy hermosa”, como sabe Gloria Angélica Álvarez Rodríguez.

La arquitecta obtuvo el Premio de las Artes Eréndira del Gobierno del Estado en 2016; es una experta restauradora de la arquitectura virreinal y es conocida por sus investigaciones sobre los artesones michoacanos; esto es, techos de madera de algunos templos purépechas, decorados en forma exquisita para contar historias de la divinidad.

Desde su llegada a Michoacán, en 1982, ha recorrido la geografía estatal en un proceso de descubrimiento, intervención y conservación de buena parte de los inmuebles religiosos del interior, pero también de otros centrales como la misma Catedral de Morelia o los templos de La Merced o Capuchinas.

Cielos de colores

“Cuando llegué a la iglesia de Nurío –recuerda– supe que estaba frente a una cosa que no había visto nunca: un techo que pareciera falso, con la letanía mariana pintada… Después vi cómo rezaban el rosario, caminando con su vela, debajo de ese artesón y lo que ellos decían, era lo que estaba pintado arriba; fue la enseñanza más didáctica que vi en toda mi vida”.

Después de Nurío, la arquitecta comenzó a buscar los artesones en otras entidades “pero no había nada igual. En los libros encontré documentados más de cien de estos techos, pero existentes sólo había 11, era lo único que quedaba y estaban desapareciendo”, señala.

 

Sin embargo, al comienzo encontró a su paso templos cerrados, celosos de las costumbres ancestrales, a la par que condiciones de deterioro importantes. Así que ganó la confianza comunitaria, a paso lento.

“En Quinceo (municipio de Paracho) tardaron cinco años en investigarme, hasta que me invitaron a trabajar con ellos, y fue maravilloso, porque es gente noble”, refiere.

Para la catedrática en la Universidad Vasco de Quiroga, la gran oportunidad llegó con un sismo. “En 1985, lo digo con pena, había reportado más de 100 edificios dañados; había algunos donde yo entraba por las grietas, así que me hablaron de la Dirección de Sitios y Monumentos y empezamos a restaurar los templos”, principalmente con recursos de las comunidades.

De esta forma, Gloria Álvarez Rodríguez no sólo ha sido testigo y partícipe de la transformación de las comunidades en las últimas tres décadas, sino también promotora de su belleza a través de títulos como Los artesones michoacanos: los cielos historiados en tablas pintadas (Gobierno del Estado de Michoacán, 2011).

Riqueza por desvelar

Michoacán, piensa la doctora Álvarez, debe publicar ampliamente sobre su cultura, pues se pierde su conocimiento y, además, su difusión puede incluso “ayudar a que venga más turismo, creo que a la gente le va a interesar; les gustaría saber por qué hay un santo con un candado en la boca en La Merced, por ejemplo”.

La riqueza artística de la entidad “tiene mucho qué dar y hay mucho que se puede seguir investigando, a fondo” pues, como decía Cicerón, refiere: “los edificios se caen, pero las letras se quedan”.

“Me he preocupado mucho de dar a conocer el arte de Michoacán; creo que la gente debe descubrir la belleza de este estado y todo lo que produce”